Mientras algunos autoproclamados candidatos a la Alcaldía de Cochabamba pierden el sueño pensando en Manfred Reyes Villa, la ciudad sigue avanzando a paso firme con obras, gestión y resultados visibles.
La desesperación política parece haberles nublado la razón: en lugar de presentar propuestas serias para el desarrollo económico y productivo de la región, han optado por la guerra sucia, el ataque sin ideas y el discurso vacío.
Resulta evidente que Manfred Reyes Villa se ha convertido en una obsesión para sus opositores.
Hablan más del Alcalde que de Cochabamba, critican más de lo que proponen y atacan más de lo que trabajan.
Esa falta de norte político refleja una realidad incómoda: no saben qué hacer frente a una gestión que cuenta con respaldo social y obras concretas.
Pese a los intentos de desprestigio y las campañas de desinformación, el alcalde de Cochabamba continúa entregando proyectos de impacto social, económico y urbano, consolidando una administración que prioriza el desarrollo, el empleo y la modernización de la ciudad. Las obras no se detienen, la gestión no se distrae y la población lo sabe.
La ciudadanía ya no cree en cuentos ni en discursos reciclados. Cochabamba quiere vivir bien, quiere progreso y oportunidades, no relatos inventados sobre una supuesta “mala gestión” que solo existe en la imaginación de quienes no logran despegar políticamente.
Si los opositores realmente quieren competir, el camino es claro: menos odio, menos ataques personales y más propuestas de desarrollo económico y productivo. Cochabamba no necesita políticos desesperados, necesita líderes con visión.
Mientras algunos sueñan con Manfred Reyes Villa, él sigue trabajando. Y esa diferencia —entre el ruido y la gestión— es la que hoy marca el rumbo de la ciudad.



