El Thunupa (o Tunupa) hace referencia a tres elementos profundamente entrelazados en la identidad boliviana: una deidad prehispánica, un majestuoso volcán y la leyenda que da origen al Salar de Uyuni.
Originalmente, Tunupa es una de las divinidades más antiguas del mundo andino, venerada en el Altiplano mucho antes de la llegada de los Incas.
Era considerado el dios del rayo, el trueno y el fuego celeste.
Representaba un orden civilizador, creador de la naturaleza y protector del agua.
Con el tiempo, la mitología local lo transformó en un personaje femenino para dar pie a las leyendas geográficas de la región.
Es un imponente volcán inactivo con una altura de 5.432 metros sobre el nivel del mar.
Está situado al oeste de Bolivia, sirviendo de límite natural entre los departamentos de Oruro (municipio de Salinas de Garci Mendoza) y Potosí (municipio de Tahua).
Se erige imponente sobre la orilla norte del Salar de Uyuni. Es considerado un mallku o montaña sagrada.
Los viajeros suelen ascender a su mirador para obtener vistas panorámicas del desierto salino. Incluso, la región alberga eventos deportivos extremos como el reciente Skyline Tunupa.
LA LEYENDA DEL SALAR
La tradición oral cuenta que el volcán era una hermosa mujer o diosa llamada Tunupa. Tras quedar embarazada, los demás volcanes celosos le robaron a su bebé y lo escondieron. Los dioses, enfurecidos por las peleas, castigaron a los volcanes fijándolos al suelo y quitándoles el habla.
Tunupa, amarrada e incapaz de buscar a su hijo, lloró desconsoladamente mientras derramaba su leche materna.
La mezcla de sus lágrimas y leche inundó la planicie, secándose posteriormente para dar origen al gigantesco manto blanco que hoy conocemos como el Salar de Uyuni (también llamado localmente Salar de Tunupa)


