COCHABAMBA, BOLIVIA – En el corazón de las festividades del Carnaval boliviano, el país se detiene para celebrar el Martes de Challa, una de las expresiones culturales y espirituales más profundas de la identidad andino-amazónica.
Esta jornada, marcada por la reciprocidad y la alegría, representa el vínculo indisoluble entre el ser humano y la Madre Tierra (Pachamama).
El Martes de Challa no es solo un cierre de los festejos carnavalescos; es un acto de justicia espiritual.
Tras recibir los dones de la vida, el pueblo boliviano retribuye a la tierra mediante la "challa", un ritual de aspersión y ofrenda que busca bendecir los bienes materiales y pedir protección para el año venidero.
EL AROMA DE LA KOA Y EL RITO DE LA PROSPERIDAD
Desde las primeras horas del día, los hogares y negocios bolivianos se inundan con el aroma ancestral de la koa.
El encendido de esta mesa ritual, compuesta por hierbas aromáticas, dulces artesanales y símbolos de prosperidad, es el centro de la ceremonia. El humo que asciende se entiende como el mensajero que lleva los agradecimientos y peticiones a la divinidad.
COLOR Y TRADICIÓN EN CADA RINCÓN
La festividad se manifiesta visualmente a través del adorno de viviendas, vehículos y herramientas de trabajo con serpentinas multicolores, globos y flores de temporada. El uso de la banderilla blanca en las casas señala que la familia está en celebración, invitando a la unidad comunitaria.
“La challa es, ante todo, un acto de fe y gratitud. No challamos lo que tenemos por vanidad, sino para reconocer que todo lo que poseemos es un préstamo de la Madre Tierra”, explican los sabios locales (amautas), quienes guían los rituales en diversos puntos del país.
VALORES CULTURALES QUE TRASCIENDEN
Más allá del festejo, el Martes de Challa rescata valores fundamentales:
Reciprocidad (Ayni): El dar para recibir en equilibrio.
Identidad: El orgullo de mantener vivos rituales prehispánicos que han coexistido y se han adaptado a la modernidad.
Unidad Familiar: La reunión en torno a la mesa para compartir platos tradicionales como el puchero o el asado, fortaleciendo los lazos generacionales.
Bolivia invita al mundo a observar con respeto esta manifestación cultural, donde la alegría del carnaval se funde con la solemnidad del rito, recordando que el respeto a la naturaleza y la gratitud son los pilares de una vida en abundancia.



