Lunes, 26 Enero 2026
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El matadero de Quillacollo se ha convertido en un "Elefante Blanco"

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El matadero de Quillacollo, una obra prescindible para los intereses de desarrollo de esta importante región del Valle Bajo se ha convertido en otro “elefante blanco”, donde se invirtió más de 9 millones de bolivianos. Esta obra está abandonada a su suerte y sufre deterioro en sus ambientes.

Las obras del nuevo matadero de Quillacollo están paralizadas desde diciembre de 2015 porque la Alcaldía no tiene voluntad para finalizar el proyecto denunció la Asociación de Matarifes 12 de Septiembre.

El proyecto se gestó en 2006, con un presupuesto de 9 millones de bolivianos. “Nadie hace nada para tener un matadero moderno en Quillacollo”, afirman los representantes de los matarifes.

El actual matadero se encuentra ubicado en cercanías de los mercados de abasto del municipio y atiende a una población de 170 mil habitantes.

Todas las autoridades del Gobierno Municipal “descuidaron” el proyecto, ya que no se gestionaron recursos necesarios para concluir el nuevo matadero.

Los actuales administradores de la cosa pública de Quillacollo, aun no hicieron conocer una posición oficial en torno al matadero. “Las puertas de la alcaldía municipal están cerradas para la prensa independiente”.

Se menciona que la alcaldia no cuenta con los recursos necesarios para finalizar las obras. Se indica que la planta de tratamiento de residuos, obra fina y equipamiento tienen un costo de 50 millones de bolivianos.

El matadero es una de las obras más anheladas de Quillacollo; sin embargo, se ha visto postergada en varias ocasiones por denuncias de presuntas irregularidades.

Mientras se define la apertura de la nueva infraestructura, los matarifes realizan su trabajo en un espacio inadecuado y observado por el Senasag.

La obra del matadero de Quillacollo no solo lleva cuatro años paralizada en esta gestión; es un proyecto que arrastra deficiencias desde hace más de una década, pero que bajo el mando de Héctor Cartagena ha llegado a un punto crítico de abandono.

Según reportes de finales de 2025, se estima que se necesitan más de 40 millones de bolivianos adicionales para poder poner en funcionamiento la infraestructura.

Aunque el proyecto original data de gestiones pasadas (incluso desde 2009 con recursos del programa "Bolivia Cambia"), la estructura actual ha permanecido como un cascarón vacío durante los últimos cuatro años, sin avances significativos ni voluntad política para reactivarlo.

Actualmente, el faenado se realiza en condiciones precarias, lo que representa un riesgo sanitario para la población y una pérdida económica de ingresos que el municipio deja de percibir.

Mientras la carrera electoral por la silla municipal se calienta, la realidad en las calles de Quillacollo es gélida y desalentadora. El matadero municipal, una obra que debería ser el motor del desarrollo productivo regional, hoy se yergue como un monumento al fracaso y a la desidia administrativa del alcalde Héctor Cartagena Chacón.

Con más de cuatro años de parálisis absoluta y una estructura que se cae a pedazos por el clima y el olvido, el costo para concluir esta obra ya supera los 40 millones de bolivianos. ¿De dónde saldrá ese dinero? ¿Por qué la gestión de Cartagena prefirió el silencio administrativo mientras los matarifes y la salud pública de los quillacolleños penden de un hilo?

Resulta paradójico —y para muchos, una burla— que Héctor Cartagena postule hoy a la reelección. Con qué solvencia moral se pide el voto cuando la gestión ha sido calificada por diversos sectores como "desastrosa".

El municipio no solo sufre por el matadero; los conflictos por los botaderos, la falta de alcantarillado moderno y la ausencia de planes estructurales son el pan de cada día.

La desesperación de los candidatos opositores tampoco ofrece consuelo. Quillacollo presencia una pasarela de aspirantes que, carentes de propuestas técnicas y planes de ciudad, parecen más interesados en ocupar el sillón edil como un botín que en resolver el caos urbano. La ausencia de proyectos de impacto real deja a la ciudadanía en la orfandad política.

Héctor Cartagena pretende seguir al mando de un barco que él mismo ha dejado encallar. La pregunta para el ciudadano de a pie es clara: ¿Seguiremos permitiendo que Quillacollo sea la capital de las obras fantasma?

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