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Bolivia ante las Subnacionales: Una crisis económica que silencia las promesas electorales

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LA PAZ, 14 de febrero de 2026 – Mientras el país se encamina a las elecciones subnacionales de marzo, el clima político está marcado por una profunda apatía ciudadana.

"Todos son los mismos de siempre, se pelean por el poder mientras nosotros sufrimos por la inflación", resume un ciudadano en las calles de la sede de Gobierno. Este sentimiento de desesperanza no es infundado: Bolivia enfrenta hoy una de las realidades económicas más complejas de las últimas tres décadas.

A diferencia de años anteriores, cuando Bolivia ostentaba cifras de inflación bajas, el país cerró la gestión 2025 con una inflación acumulada del 20,40%, superando con creces las metas gubernamentales iniciales.

Este incremento ha golpeado con especial dureza a la canasta familiar, donde la inflación en alimentos ha llegado a picos alarmantes, reduciendo drásticamente el poder adquisitivo de los salarios.

Aunque a finales de 2024 Bolivia ya se consolidaba como la tercera economía más inflacionaria de la región, solo por detrás de Venezuela y Argentina, la tendencia se agudizó durante 2025 debido a la persistente escasez de divisas y el incremento en los costos de importación.

GOBIERNOS LOCALES "EN QUIEBRA"

El escenario para las futuras autoridades de alcaldías y gobernaciones es sombrío. Los entes territoriales autónomos enfrentan una asfixia financiera sin precedentes:

Recorte de recursos: Se estima que para este 2026 los municipios recibirán un 24,31% menos de recursos por el Impuesto Directo a los Hidrocarburos (IDH).

Gobernaciones en déficit: Varias gobernaciones han reportado déficits millonarios, con reducciones presupuestarias que, en algunos departamentos, alcanzan hasta el 30%, comprometiendo no solo la inversión pública sino incluso el pago de planillas y salarios de funcionarios.

Dependencia crítica: Entre 2014 y 2025, el presupuesto de algunas gobernaciones ha decrecido un 65%, mientras la población y sus demandas continúan en aumento.

UN FUTURO INCIERTO

La falta de dólares, que a mediados de 2024 llevó el mercado paralelo a cotizaciones históricas, sigue siendo el motor de la incertidumbre estructural. A pesar de ligeras moderaciones, la presión sobre los precios básicos y el costo de vida ha generado un clima de irritación social que las elecciones de marzo parecen no poder disipar.

Para el ciudadano común, la política ha dejado de ser una esperanza de cambio para convertirse en un espectáculo de disputas por cuotas de poder, mientras el bolsillo boliviano intenta sobrevivir a una crisis que, según organismos como el FMI, mantendrá una presión inflacionaria superior al 15% durante este 2026.

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