La proliferación de encuestas electorales en Bolivia ha generado una sensación de saturación y desconfianza en la ciudadanía, en un fenómeno que algunos ya califican como 'encuestitis'.
A pesar de la continua publicación de sondeos sobre preferencias electorales, ninguno de los candidatos parece gozar de la plena confianza del pueblo boliviano.
Según análisis recientes, casi el 50% de la población se encuentra más preocupada por la crisis económica que por las disputas políticas o la carrera electoral.
Esta realidad refleja un creciente desencanto hacia la clase política, que no logra conectar con las verdaderas prioridades de la gente.
Las encuestas, que en teoría deberían servir como herramientas para medir el pulso electoral, están siendo vistas por muchos como poco representativas de la realidad cotidiana.
La falta de un liderazgo claro que inspire confianza ha llevado a que el debate político pierda relevancia frente a problemas concretos como el costo de vida, el empleo y la recuperación económica tras la pandemia.
Diversos sectores sociales han manifestado que su principal demanda no radica en elegir a un candidato, sino en encontrar soluciones que mitiguen la crisis económica que afecta sus bolsillos día a día.
En este contexto, los políticos enfrentan el desafío de reconectar con la ciudadanía y proponer estrategias efectivas para enfrentar los problemas económicos que aquejan al país.
Se espera que en los próximos meses los candidatos adapten sus discursos y propuestas, priorizando temas que realmente impacten en la vida cotidiana de los bolivianos. De lo contrario, el desencanto electoral podría reflejarse en un bajo índice de participación en las elecciones de agosto.
SERAN REALES LAS ENCUESTAS O SON MANIPULADAS??
Las encuestas políticas tradicionales, que se basan en muestras representativas de la población y se realizan a través de llamadas telefónicas, visitas domiciliares o encuestas en línea, pueden proporcionar una visión general de la opinión pública. Sin embargo, es cierto que estas encuestas no siempre reflejan la realidad completa, especialmente en países con altos niveles de desigualdad, pobreza y exclusión.
Las concentraciones en las calles, por otro lado, pueden ser un indicador más directo y auténtico de la opinión pública, ya que reflejan la capacidad de los líderes políticos para movilizar y conectar con la gente común. Algunas ventajas de las concentraciones en las calles son:
- Participación activa: Las concentraciones en las calles permiten a los ciudadanos participar activamente en la política, expresar sus opiniones y demostrar su apoyo o rechazo a determinadas políticas o líderes.
- Conexión emocional: Las concentraciones en las calles pueden crear una conexión emocional entre los líderes políticos y la gente, lo que puede ser más difícil de lograr a través de encuestas o debates televisados.
- Autenticidad: Las concentraciones en las calles pueden ser vistas como una forma más auténtica de medir la opinión pública, ya que reflejan la voluntad de la gente de salir a las calles y expresar sus opiniones. (FAUSTO COLPARI)