Lunes, 26 Enero 2026
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El Sajama, Sabaya y Tunupa cobran vigencia. Un triángulo de amor, celos y castigos divinos

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Por: Redacción boliviaprensa.com.- Oruro / Potosí: En las entrañas del Altiplano boliviano, las montañas no son solo cúmulos de roca y nieve; son seres vivos, antiguos guardianes que, según la cosmovisión andina, alguna vez caminaron, amaron y pelearon como humanos. Hoy, en pleno 2026, los mitos del Sajama, el Tata Sabaya y la madre Tunupa siguen resonando en el viento gélido de la puna, recordándonos que nuestra naturaleza es el resultado de un drama celestial.

EL DESTIERRO DEL SAJAMA: EL "HIJO" DEL ILLIMANI

La historia más impactante comienza con una decapitación. Cuentan los abuelos que el Sajama no nació donde está hoy. Originalmente, era la cima del cerro Mururata, un gigante que osó desafiar la majestuosidad del Illimani en la cordillera de La Paz.

El castigo fue fulminante: con un hondazo de oro, el Illimani le voló la cabeza al Mururata. El proyectil y la cima volaron cientos de kilómetros hacia el oeste, aterrizando en la llanura de Oruro.

Los pobladores locales, asombrados por el gigante que "venía de lejos" (Sarjama en aimara), lo bautizaron así. Hoy, el Sajama se alza como el punto más alto de Bolivia, un rey solitario y exiliado que observa el horizonte con la nostalgia de quien perdió su lugar de origen.

TUNUPA Y SABAYA: EL IDILIO QUE CREÓ EL SALAR

Al sur del Sajama, el misterio se torna más íntimo. Tunupa, la imponente deidad femenina que hoy conocemos como el volcán que vigila el Salar de Uyuni, fue protagonista de un romance trágico con el Tata Sabaya.

La leyenda narra que Tunupa, hermosa y poderosa, quedó embarazada. Sin embargo, en un mundo de dioses celosos, los demás cerros circundantes comenzaron una disputa por la paternidad del niño y por el amor de la deidad. En medio de las peleas y traiciones, el niño le fue arrebatado.

EL ORIGEN DEL SALAR DE UYUNI

Es aquí donde el misterio se une con la geografía actual. Tunupa, desconsolada, comenzó a llorar mientras amamantaba a su pequeño desaparecido. Sus lágrimas, saladas por el dolor, se mezclaron con su leche materna blanca, inundando la cuenca de la región.

El resultado de ese llanto divino no es otro que el Salar de Uyuni. Lo que hoy los turistas fotografían como un espejo del cielo, es para los comunarios el testimonio físico del dolor de una madre montaña.

NATURALEZA VIVIENTE EN 2026

A pesar del paso de los siglos, estos cerros siguen "vivos". Los pobladores de las faldas del volcán Tunupa y de las cercanías del Parque Nacional Sajama continúan realizando ofrendas a la Pachamama, pidiendo permiso a estos gigantes para la siembra y la cosecha.

"Ellos no están quietos", asegura un guía local de la zona de Curahuara de Carangas. "El Sajama cuida nuestro ganado, y la Madre Tunupa nos da la sal. Son nuestros ancestros de piedra".

Los mitos del Sajama, Sabaya y Tunupa nos invitan a mirar el mapa de Bolivia no como un dibujo estático, sino como un libro de historia escrito con volcanes, pasiones y el blanco eterno del salar. (FAUSTO COLPARI)

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