El santuario de flamencos más importante del mundo agoniza entre caminos de tierra y una infraestructura hotelera inexistente que ahuyenta al turismo internacional.
POTOSÍ – En el corazón de la Reserva Nacional de Fauna Andina Eduardo Avaroa, el rojo intenso de la Laguna Colorada sigue siendo uno de los espectáculos naturales más imponentes del planeta. Sin embargo, detrás de la postal que da la vuelta al mundo, se esconde una realidad crítica: este santuario de biodiversidad está quedando aislado debido a la precariedad de sus accesos y la falta de inversión estatal.
Pese a ser el hogar de miles de flamencos de James, Andinos y Chilenos —una concentración única en la Tierra—, la presencia de turistas nacionales e internacionales ha caído drásticamente.
El motivo no es la falta de interés, sino la odisea que representa llegar al lugar. Los visitantes deben enfrentarse a rutas de tierra apenas transitables que exigen vehículos 4x4 especializados, lo que encarece el viaje y limita el flujo de visitantes.
Un gigante sin servicios
La carencia de una infraestructura hotelera de calidad es el otro gran freno. En una región donde las temperaturas descienden por debajo de los -20°C, la oferta actual es mayoritariamente rústica, careciendo en muchos casos de servicios básicos como calefacción o agua caliente constante.
Esta situación deja a Bolivia en una desventaja competitiva frente a destinos similares en países vecinos, que han sabido capitalizar sus recursos naturales con inversiones inteligentes.
EL IMPACTO ECONÓMICO Y AMBIENTAL
Expertos y operadores turísticos advierten que no solo se está perdiendo una oportunidad económica millonaria para el país, sino que la falta de gestión y caminos definidos está provocando que los vehículos improvisen rutas sobre el frágil ecosistema, amenazando el área de anidación de los flamencos.
"La Laguna Colorada fue finalista para ser una de las Siete Maravillas Naturales del Mundo, pero la tratamos como un paraje olvidado", señalan actores del sector. La comunidad local y los operadores exigen un plan integral que incluya el asfaltado de rutas estratégicas y el incentivo para la construcción de complejos hoteleros sostenibles que respeten el entorno pero brinden confort al viajero.
Bolivia tiene en sus manos una joya de valor mundial. De las autoridades depende que la Laguna Colorada sea el motor del turismo nacional o simplemente un recuerdo que se desvanece entre el polvo de sus caminos olvidados.



